sábado, enero 10, 2015

La mafia y el amo real


Lamentablemente, los recientes acontecimientos de Lima en distintos campos institucionales, nos llevan a pensar en la noción de mafia. Hace unas horas, Santiago López Maguiña  ha lanzado una definición de este concepto en Facebook a partir de la cual es posible pensar algunos mecanismos del poder. Esta definición tiene como componente central a la figura de un jefe de esa mafia, quien "establece con los demás miembros del grupo relaciones de intercambios recíprocos, relaciones de intercambio de dones, de favores, de prebendas".

Para discernir con una precisión psicoanalítica esta propuesta, podríamos sostener que de lo que se trata con ese líder es de una especie de amo real:

Como sostiene Charles Melman en Problemas planteados al psicoanálisis (Bs. As. Paidós, 2011), para un amo real, a diferencia de uno de naturaleza simbólica, los otros, los pares de la dimensión imaginaria (los colegas, los amigos, los vecinos) no existen a título de tales, sino como servidores. Lo importante es que este amo: "no se sostiene del significante y que, al mismo tiempo, no soporta particularmente un posible dominio del significante. Lo que emana de él no es el significante amo: son órdenes" (80). 

En la Universidad de San Marcos y en especial en la Facultad de Letras, conocemos algunos de estos amos reales que son capaces de aglutinar en torno de su presencia a una serie contable de servidores atemorizados y que, por otro lado, han empobrecido la dimensión simbólica de la Universidad; en el fondo, estos amos no cree en los semblantes prestigiosos del saber, no creen en los significantes amos, pero son capaces de distribuirlos, según ese régimen de prebendas del que habla López Maguiña, y no por razones académicas. Es por eso que está plenamente justificado cuando, en su comentario de Facebook , el profesor sostiene que: 

Si se les pregunta por el estado de las artes en sus campos de saber sus respuestas van a ser muy generales y superficiales. No están muy enterados, ni les interesa estarlo. Tampoco tienen programas precisos con relación a la organización académica. Su ignorancia de teorías y de las investigaciones en el campo de saber que les compete les impide hacer programas. 

Pero si tanto desprecian la dimensión simbólica, ¿de dónde toma su poder, este amo real? Melman responde: "Toma su poder imaginario de lo que puede conferir la amenaza constante de retirarse, de desaparecer" (80). En el pasado, ese amo real amenazaba con el fracaso de las cosechas o con la sequía. Hoy se trata de sus caprichos y de sus favores. 

Lo interesante es que la precariedad simbólica de este sistema de relaciones no impide sino que permite un funcionamiento y una estabilidad asombrosa. El amo real persiste y gobierna más allá de los semblantes a través de lazos endogámicos (y de panacas estamos hartos en San Marcos) que son equivalentes a los que se establecen en las sociedades matriarcales. 

Quizás esta sea la razón por la cual, pese a que San Marcos está atravesada de agobiantes y entrampados funcionamientos, no obstante pervive durante siglos y es capaz, como una madre, de parir muchos hijos sometidos a sus caprichos. 

¿La nueva ley universitaria separará, como una prohibición paterna, a los hijos de esa madre que pretende engullirse a sus productos?



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