jueves, febrero 27, 2014

La letra, ¿con gaseosa entra...?







La hipótesis general respecto al sentido de este spot publicitario es la siguiente: se esgrime la ironía de tal manera que el lugar común al que el espectador accede a través de ella (porque detrás de toda ironía hay un locus communis) se adhiere semánticamente, como una etiqueta, a la famosa gaseosa y en los términos de un universal: efectivamente, así son las cosas... como la Coca-cola misma. Pero ¿cuál es ese sentido? Pues, nada menos que: "deberíamos volver a aprender a comunicarnos, como se hacía antes". 



Interpretación del sentido

Para empezar, la ironía se sostiene en la implícita comparación entre el perro al que le pica una costra pero que no debe rascarse y el adicto al celular que, cuando su ansiedad le urge, se rasca sin freno. En consecuencia, si al perro se le pone un protector para que se cure, ¿no deberíamos hacer lo mismo con los adictos a la comunicación...? ¡Cachita pura! Además, como el cono impide el acceso visual al celular o al tablet, uno puede volver a mirar los ojos de los seres queridos que nos acompañan en la cena. La música de la obertura Así habló Zarathustra de Strauss puesta justo ahí con su solemnidad y la cámara lenta de las cabezas irguiéndose refuerzan la burlona comparación semisimbólica. 

Nos reímos y, desarmados ante cualquier reparo conceptual, aceptamos la verdad absoluta de que deberíamos recuperar lo que, paradójicamente, la tecnología de la comunicación nos ha quitado: la comunicación. "¡Es verdad, es verdad, aleluya!", se espera como respuesta enunciativa y emocional (no necesariamente expresada) del espectador modelo. Solo el color rojo y la blanca franja sinuosa sugieren a la famosa bebida efervescente; el "esfuerzo" de relacionar ese aparato, el "social media guard", con la gaseosa nos envanece y quedamos comprometidos o, como dicen los publicistas, reforzados en la fidelización con el producto. 


Interpretación de lo real


Sin embargo, lo que ahora deseo destacar es lo siguiente: el acceso que se promete así a lo que podría llamarse un deleite universal y para todos. Ya no se trata del sabor de la gaseosa; en la publicidad, ya no estamos en tiempos tan burdos. Se trata del goce de "volvamos a hablarnos", de "compartamos momentos reales", de "¡se trata simplemente de hablar!", "¡oh, cuán tontos podemos ser!", "¡acaso no hemos aprendido nada!", etc. 

Es como si pudiéramos arribar, a través de un saber de sentido común, al deleite de nuestra pertenencia a la condición de parlêtres, como decía Lacan, de seres hablantes, y con ello -lo que resulta más importante- a la felicidad universal. Dicho así, resulta inverosímil..., pero muchos, si no todos, sonrieron con la ironía y con la analogía en la que se ampara. 

Como Coca-cola, Lacan sostiene la existencia de una instancia que nos comunica con el goce y la llama letra. Con ella hace un juego de palabras: lo literal es el litoral. Pero, ¿en qué sentido de litoral? En el sentido por el cual es el operador de una frontera entre dos dimensiones completamente heterogéneas y sin ninguna proporción: el saber y el goce. 

Ahora bien, Lacan no dice que esa instancia sea universal, no es un saber de sentido común, la letra no es un litoral para todos. Ella es antes bien un borramiento -y por eso una indicación- siempre singular de una relación con lo ilegible de cada sujeto. No puede, por lo tanto, convertirse en un saber comunicable (ya sea por el celular o hablando). Para algunos, también se accede a ese saber sobre su goce con rimbombantes tambores de triunfo; es el momento de una iluminación en lo que parece ya el final. Pero luego viene un cierto: "solo era eso, qué porquería". 


Pero, ¿en qué sentido la letra es litoral? ¿Solo por el juego de palabras? ¿Cómo es posible pensar un acceso al goce singular si de lo que se trata es de un saber no comunicable? ¿Es factible por esta noción de letra-litoral elaborar una perspectiva crítica que aborde el goce en el discurso? Estas y otras preguntas dirigen nuestras lecturas e investigaciones en el GEPSIDIC

Sigamos. 


viernes, febrero 21, 2014

La letra, algo más que un soporte material



Recientemente descubrí con beneplácito la Radio Lacan, uno de los medios de difusión de la Asociación Mundial del Psicoanálisis (AMP). En ella se pueden escuchar, en línea y entre otras cosas, las disertaciones de algunos de los más destacados psicoanalistas lacanianos, en concreto, los afiliados a esa asociación liderada intelectual y políticamente por Jacques-Alain Miller. 

En esta ocasión me detendré un poco en la Conferencia de clausura de las XII Jornadas de la ELP, cuyo título fue El lenguaje y lo real del Psicoanálisis. Fue desarrollada por Miquel Bassols (el galán maduro de la foto) en la clausura de las XII Jornadas de la ELP, en noviembre de 2013, en Barcelona. Actualmente, este personaje es nada menos que el Vicepresidente de la AMP.

En este hipervínculo uno puede escuchar una grabación, un tanto deficiente, de la mencionada conferencia dividida en tres partes. Es de lamentar, pues, la calidad de la misma. Ello nos hace pensar en un cierto grado de improvisación que Radio Lacan todavía no ha podido resolver. Habrá que esperar que esto mejore; por lo demás, casi todo lo que se oye por este medio no tiene ese nivel de deficiencia. 

Lo que importa ahora es otra cosa. Específicamente, el concepto que esgrime Bassols, en la tercera división de su conferencia, de letra. Dice, al pie de la letra de Lacan, que es el "soporte material que el discurso concreto toma del lenguaje". Como este concepto estaba, dentro de la argumentación del analista, en una posición jerárquica no destacada, no pudo ser desarrollado de un modo que hubiera sido de mayor interés. Después de todo, se trataba de la relación entre el lenguaje y lo real, ¡nada menos! Y la letra es, en los años setenta de la enseñanza de Lacan, una noción fundamental como mediador en ese intersticio. 

En una entrada muy anterior, publiqué una intervención crítica de esta definición de Lacan arriba mencionada. Lo hice a partir de unas ideas de Laurent sobre la letra como litoral, articulación que se encuentra en "Lituraterra" que hoy se puede encontrar como primer texto de Otros escritos de Lacan. 

En síntesis, lo que yo argumentaba era lo siguiente: la letra, como soporte material tomado del lenguaje, alude a lo que siendo inherente al cuerpo real del sujeto hablante, escapa a los requerimientos biológicos del mismo: hay algo en el cuerpo del parlêtre cuyo "lugar" no es este cuerpo. 

Por estas fechas, en el GEPSIDIC (Grupo de Estudios Psicoanalíticos de los Discursos de la Cultura), venimos leyendo el Seminario 18 denominado De un discurso que no fuera del semblante. Por una indicación casi una exigencia destemplada– de Lacan, revisamos "El seminario de La Carta Robada". Entre las varias posibilidades que allí se encuentran para este caso, es de destacar el problema del espacio en su relación con la carta (lettre). Como recordará el lector de Poe, pese a que la policía cuadriculó al milímetro la casa del ladrón de la carta, el Ministro, nunca pudo hallar lo que, finalmente, Dupin sí pudo.

La respuesta de Lacan ante este enigma es pero no en sus palabras que la verosimilitud de ese escondite no es enunciva sino enunciativa; es decir, no está en la trama del nivel de los enunciados, del nivel imaginario y ficcional, sino que se encuentra en la enunciación. En pocas palabras, Poe, con este cuento, propone sin saberlo la estructura de la letra: el lugar de la carta no está en el espacio euclidiano sino en la dimensión simbólica. Y decimos que esto es enunciativo porque no sirve a la trama del cuento sino que sirve a la interpretación que Lacan realiza y se permite a partir de lo que está en la escritura de Poe como un enigma no resuelto. 

Como la publicación en castellano del Seminario 18 es dos años anterior a mi artículo del 2011 en este blog, me tengo que contentar con decir que "Lacan ya lo había dicho" o mejor "ya estaba escrito" pese a que yo no lo sabía. De todos modos es agradable el sentimiento que me da esta confirmación: la letra es, pues, lo que estando en una dimensión, digamos, física (el cuerpo, el espacio euclidiano), no puede ser ubicada sino en un registro diferente. Esa sería su estructura. 

Lacan, como siempre, es más gracioso y menos solemne que sus seguidores escolares; ilustra esta lógica con la geometría: si quieren que dos puntos estén en el espacio equidistantes eso será perfectamente posible, igual con tres puntos, con cuatro... 

Pueden tomar cinco, y entonces no se precipiten a decir que también es posible ponerlos a igual distancia de cada uno de los otros cuatro porque no lo lograrán, por lo menos en nuestro espacio euclidiano. Para tener estos cinco puntos a igual distancia de los demás, hace falta que fabriquen una cuarta dimensión. Eso es (Lacan, 2009: 94).
Pese a que surge en una dinámica propia de la tercera dimensión, este quito punto tiene como su lugar a la cuarta dimensión. Ella, además, es posible de ser pensada, pero no imaginada (En esto también la letra es enunciativa y no enunciva). Pues bien, ¿no puede verse aquí una estructura de relaciones que Lacan construye para pensar la letra como algo más que un mero soporte material, es decir, como un lazo de continuidad y de corte entre dos dimensiones sin proporción?

Esta lógica, propia de la letra, no debe pasar desapercibida detrás de clichés lacanianos que se repiten, a veces, sin comprenderlos mucho. Y no debe quedar escondida precisamente allí donde es imprescindible pensar un real para este siglo. Lamentablemente, el lenguaje formulaico de los escolares es, a veces, más que un medio para el discernimiento, un impedimento imaginario propio de las comunidades llamadas éticas por Miller. 

Que el norte no se pierda; una buena orientación siempre es la angustia y no los sobados saberes supuestos. 


Bibliografía consultada

Lacan, Jacques. De un discurso que no fuera del semblante. Buenos Aires, Paidós, 2009.