miércoles, enero 01, 2014

El canto de las sirenas de la NEL


Lo femenino no solo es asunto de mujeres (1)

Desde mediados del mes de diciembre pasado (con una actualización el 21), podemos leer el argumento de las Octavas Jornadas de la NEL (Nueva Escuela Lacaniana) en el blog de dicha institución. Este importante evento se realizará en Lima, en octubre del año que hoy comienza y tiene como tema de reflexión global y como título el siguiente: “Lo femenino no solo es asunto de mujeres”.

El afiche que acompaña a la convocatoria tiene como motivo principal el cuadro de Luz Letts titulado “Canto de sirenas”. Según consigna en el afiche, la obra es del año 2012, es decir que es una obra reciente, de nuestra época podríamos decir, aunque no solo en sentido cronológico… Y es que tanto esa obra como la convocatoria de las jornadas son efectos de una época en la que lo femenino es el leitmotiv de la cultura contemporánea.

Y decimos “cultura” como lo entendía Lacan, esta vez no como aquello ligado a una preocupación por los restos (“Una gran civilización es en primer lugar una civilización que tiene un muladar”), sino en el sentido de paliativo: “La cultura alivia, alivia completamente de la función de pensar” (Lacan, 88). Y es que habría que pensar un poquito más el argumento para ser coherentes con una posición, como la psicoanalítica, que no es, no puede ser, la de una complacencia sumisa ante los imperativos tardocapitalistas.


En el cuadro de Letts las posibilidades son claras: las figuras femeninas, habitantes solventes de una tierra en la que tienen bien puestos los pies, orquestan o pretenden detener el deambular múltiple de las figuras masculinas que tiene un sentido de dispersión y de naufragio. Los brazos en alto son una trascodificación de lo que en el mito es un canto; sin embargo, esta no solo obedece a las necesidades de la comunicación pictórica, sino que también –quizás y cooperativamente— es expresión de una transformación más importante, una inversión: no se trataría ya de llevar a los hombres a la perdición y la muerte, como en el mito, sino de una especie de salvación, de un puerto seguro y por eso distinto del deambular masculino en busca de la vana gloria y de sus significantes prestigiosos.

Pero si esto es así en el cuadro, no resulta factible en el argumento. Lo que es una posibilidad interpretativa propia de la apertura del discurso artístico moderno, es una confusión en las reflexiones de la así nombrada “comisión epistemológica” del evento. Y es que aparentemente –y para decirlo con palabras de uno de los maestros reconocidos por las lideresas de la NEL, Eric Laurent—, se está confundiendo al Superyó femenino con la posición femenina y no son lo mismo.

En un pasaje del argumento se sostiene lo siguiente:
Lo inasible femenino es precisamente lo que permite que ellas se encuentren más cerca de lo real, menos tomadas por sus fantasmas y los ideales que constriñen a los hombres. Su lado problemático es que, por ese hecho, ellas quedan más sometidas a la exigencia de un amor que nombre la rareza de su ser.
Esta dimensión podemos reconocerla con lo que Laurent, en Posiciones femeninas del ser, denomina “Superyó femenino”. Y de ello no se debería sacar la conclusión según la cual, a continuación,  “el psicoanálisis da la vuelta a lo amenazante y peligroso de lo femenino para convertirlo en el fundamento de una práctica que toma en cuenta la lección de lo creativo, de lo fundacional. Es como si el goce femenino, ese amenazante y peligroso, fuese lo que realmente funda las posibilidades en la subjetividad de hacer frente, inventivamente, al “acontecimiento traumático contingente” del encuentro con el deseo del Otro. Ese goce no puede ser, así tal cual, el “pivote irreductible de un análisis”.

Ante este imperativo superyoico –que no se distingue del impulso al goce irrestricto y al crimen propios de la época—, se debe asumir una “posición femenina”, aquella por medio de la cual Lacan invita, no a ceder ante aquella voz, ese canto sirenio para el goce sin límites, sino “a que los dichos del superyó femenino sean refutados, inconsistidos, indemostrados, indecididos” (Laurent, 107). Eso no queda claro en el argumento. Y es imprescindible discernir este punto sin el cual parece que el psicoanálisis promueve como fundamento de su práctica un abandono al goce femenino. Por el contrario, hay que recordarle a quien vocifera esa exigencia de sirena que “nadie tiene la última palabra, la palabra que convendría a la exigencia del llamado femenino” (Laurent, 108).

Frente a este imperativo contemporáneo, Lacan configura un lugar de analista que se caracteriza por un saber-hacer especial; según Laurent, el psicoanalista “sabe responder al superyó femenino, en tanto puede reenviarlo a la verdadera lógica de la posición femenina, que es denunciar a los semblantes que apuntan a cualquier consistencia del Otro” (109).


De lo contrario, si ese no es el lugar que se desea para el psicoanalista, el título de las jornadas tendría que rectificarse  un poco, quitando una palabra solamente: “Lo femenino no es asunto de mujeres”… por lo menos no de las que lideran la NEL en Lima, por lo menos no si no distinguen lo que se ha confundido.

Todavía quedan unos meses hasta octubre. Veremos. 



Bibliografía  consultada

Lacan, Jacques. Mi enseñanza. Buenos Aires, Paidós, 2006.

Laurent, Eric. Posiciones femeninas del ser. Del masoquismo femenino al empuje a la mujer. Buenos Aires, Tres Haches, 1999.