domingo, diciembre 15, 2013

A partir de la charla de Eric Laurent en la Facultad de Psicología



Estas son, simplemente, unas notas que pretenden participar en el esclarecimiento de un fenómeno que, según los datos estadísticos esgrimidos por Eric Laurent en esta charla (que se llevó a cabo el 19 de noviembre de 2013), tiene los visos de una epidemia posmoderna. Como se verá, llamarla así, “posmoderna” y relacionarla, por tanto, con la época, podría no ser un gesto meramente contextualizador.
 

Dos aspectos cruciales de los autismos

Pese a que se cuida muy bien de generalizar en un campo de investigación en ciernes, Laurent, de todos modos –con el interés de incitar el deseo de asumir la práctica clínica del autismo bajo las coordenadas psicoanalíticas–, propone aislar dos aspectos cruciales hallados en algunos autismos:
  1. la repetitividad imaginaria que es correlativa de una insistencia en el cuerpo y
  2. la fijeza en lo real del número.
El primero de estos aspectos se manifiesta en la capacidad del pensamiento autista que consiste en una percepción instantánea y simultánea de una gran cantidad de detalles dada una contemplación. Esto diferencia al sujeto autista de los que no lo son puesto que, por el contrario, estos requieren de un periodo más bien largo para el procesamiento de los aspectos múltiples de la misma cantidad de datos expuesta para una contemplación semejante.

En este punto, observo la posibilidad de dos instrumentos para la elucidación de este fenómeno.
 

La fenomenología autista

En primer lugar, desde la semiótica fenomenológica, puede postularse que en esta experiencia autista existiría una desproporción entre la mira puramente sensible y la captación puramente inteligible. Dicho de otro modo, existiría una sensibilidad excesiva que produce, como mecanismo homeostático, la hegemonía de la mira para toda posibilidad de captación la cual devendría en muy pobre. El procesamiento de la información recibida a partir de esa correlación resultaría impracticable a partir de su verbalización debido a la estructura lineal de la praxis lingüística. Por el contrario, la imagen se prestará bastante mejor para configurar una significación y un sentido que proporcionen una regulación homeostática para esa sensibilidad excesivamente afectada de todo lo que es otro. Esto resulta pertinente a partir de los datos de experiencia proporcionados por Laurent en la conferencia.

Por otro lado, Laurent sostiene que esas imágenes son asumidas o producidas repetitivamente. De ellos extrae una diferencia con respecto de la repetición significante. La repetitividad imaginaria afecta directamente en los términos de un goce en el cuerpo. No es, así, la representación que retorna, sino la presentación insistente de lo mismo en la propioceptividad o cuerpo propio especular.  

(Cabe en este punto preguntarse si dicha repetición constituye un estrago para dicha propioceptividad o una suplencia para su constitución, suplencia que es requerida debido a la desproporción mencionada entre la mira y la captación).
 

Lo real del número

Ahora bien, este retorno de lo mismo, en los términos de una imagen, es homologa a la reiteración de la sucesividad matemática de los números naturales. He aquí el segundo instrumento: la teoría del múltiple puro. Como sostiene Badiou en El ser y el acontecimiento, cada uno de los términos repetidos confirma una regla de constitución que posibilita el pasaje de un sucesor al siguiente; pero, al mismo tiempo, es el cuerpo en el cual recae el fracaso de la misma regla debido a que ella no contiene ningún comando para su detención; como diría Lacan hay un insistir sin consistir. Esta confirmación y fracaso deriva, en las matemáticas, en la postulación axiomática –es decir, la decisión no determinada– de un sucesor límite, una especie de Otro en el cual resuenan y se alojan todos los múltiples sucesores.

Cabe entonces aquí postular que en la subjetividad autista no podríamos encontrar esta decisión axiomática que se enuncia así: hay un Otro para contener toda la sucesividad indeterminada. En todo caso, lo que está en el lugar de esa decisión es el punto dos destacado por Laurent: la fijeza en lo real del número.

Efectivamente, para el caso, Laurent recuerda la relación o proporción biunívoca entre conjuntos: si todos los elementos de uno son relacionados con todos los de otro conjunto, puede así verificarse la consistencia equivalente de los conjuntos relacionados o la desemejanza de los mismos a partir de un elemento que falte y que no permita una cabal correspondencia entre los elementos. 

De este modo surge un elemento, un múltiple que falta y la diferencia entre las dos consistencias contrastadas. Se ve claramente que nada de la realidad resulta implicada aquí; ese elemento faltante no es una presencia empírica, no es un objeto entre los objetos, no tiene ni lugar ni tiempo. Ese uno faltante es un objeto simbólicamente inscrito pero real.

Según Laurent el sujeto autista tiene una relación particular con este real del número. Esta precisión de su ubicación alivia de la realidad, es decir, permite una cierta fijeza que no pase por lo excesivamente agobiante de los sentidos. La salida por lo imaginario y su repetitividad es una mecanismo todavía demasiado sensible. A continuación, sin embargo, el autista no postularía un Otro para contener la resonancia sin término de todos los sucesores, sino que ubicaría en su lugar este real aliviado de lo sensible, es decir, del goce que suscita y descompone la propioceptividad.
 

El recurso autista como defensa a lo posmoderno

De este modo, a contrario de lo que significa para otro tipo de subjetividad, lo real del número como vaciamiento de goce, no es, no sería para el autista una mortificación, sino un modo de aliviar lo excesivo de lo sensible que es, efectivamente, un fenómeno contemporáneo.

Para nadie es una novedad que vivimos hoy dentro de una civilización en la cual lo sensible tiene el estatuto de lo hegemónico. Ninguna iniciativa comercial o empresarial podrá dejar de lado la dimensión del hacer sentir y, en consecuencia, toda campaña de divulgación de un producto nuevo deberá estar implicado con la promesa de nuevas sensaciones. En consecuencia, el ciudadano promedio se ve bombardeado de intensas e invasivas sensaciones que debe sortear o asumir con una piel cada vez más curtida e insensible.

El autista, finalmente, sería un tipo de subjetividad que no es capaz de perder la sensibilidad –la que se ha encallecido en todos los demás como mecanismo homeostático– y reacciona con una sustracción de goce a través de lo real del número. Un contraste estadístico entre el número creciente de autistas y el grado de mejoramiento de la tecnología de lo sensible (las televisiones de alta definición, por ejemplo) corroboraría estas hipótesis.





domingo, diciembre 01, 2013

Enunciación moderna en Le Château de Grisou de César Moro

Mi ponencia comienza en el minuto 2:02:00. Antes, pueden escucharse las ponencias de Hildebrando Pérez, Marcos Eymar, José Gutiérrez Privat y de Rosa Ostos. Después de la mía se presenta la ponencia de José Luis Gamarra La Rosa.