viernes, junio 28, 2013

Sobre el objeto psicoanalítico


En esta ocasión quiero transcribir de modo resumido mi ilustración, la que habitualmente expongo en mis clases de Teoría literaria III, sobre el objeto a. Para tal cometido, utilizo el famoso cuadro de Magritte La condición humana 3. Esto también forma parte del libro que el grupo GEPSIDIC publicará pronto.

Como hemos visto en otra entrada, la razón psicoanalítica surge a partir de la distinción de tres tiempos: 1) Hay el mundo; 2) La historia como escena del mundo y 3) la escena sobre la escena. Esta secuencia es homóloga de las tres dimensiones imaginarias de la organización del espacio en este cuadro:

magritte-la-condicion-humana

Como puede observarse, hay una ventana y un cuadro sostenido por un caballete que tapa el panorama. Lo inquietante –y el espectador inicial todavía no sabe exactamente por qué– es que el cuadro interior reproduce lo que se vería en el paisaje a través de la ventana si este no estuviera. Claro está, no lo cubre todo completamente. Las líneas de continuidad del paisaje, pueden verse más allá y prosiguen dentro del cuadro interior.

Sin embargo, existe una representación, tan realista como todo lo demás, que está solo dentro del cuadro inscrito y que resulta imposible siquiera intuir en el paisaje de atrás. Esto ocurre porque dicha figura, la de un árbol, no tiene continuación más allá de esta representación interior.

Entonces, ¿el árbol estaría allí si sacamos el cuadro inscrito? Esa pregunta indica, primero, una subjetividad atrapada por el discurso de Magritte y, segundo, una sustracción, un algo que no está y que, sin embargo, sirve como centro de gravedad para todo lo que se organiza en la representación.

Ese algo, esa falta inscrita es el objeto a o, más precisamente, el menos fi (f) que engancha o refiere, en el sujeto de la enunciación, al objeto a, causa de su deseo. La pregunta que indica esa inquietud imposible de calmar (aquella de “retirar” el cuadro interior para “verificar” la presencia o ausencia del condenado arbolito) es lo que hace las veces del sujeto atrapado por el cuadro.

Pero nótese que este no es aquel del significante, el habitual y lacaniano sujeto representado por él y para otro significante. Aquí de lo que se trata es del sujeto de la angustia.

Pero ¡¿cómo así?!…


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