martes, enero 29, 2013

Burocracia universitaria 1


Esta vez quiero dar a conocer una carta que envié a un grupo de profesores de la Escuela de Literatura de la Facultad de Letras de San Marcos en relación con una avanzada burocrática que ocurrió hace un par de meses. Dicha avanzada solo es una de las muchas movidas de este tipo que en la universidad se siguen realizando y que solo generan un extraño malestar.

Dicha desazón puede explicarse en el sentido siguiente: con estas exigencias nuevas, la burocracia sale de su posición (en el ideal, por supuesto) relativa al apoyo de las actividades académicas y se ubica en el papel de  un protagonista. En otras palabras, la burocracia reclamara para sí una atención incluso mayor que la que requieren las actividades académicas. 

¿Por qué lo hace? Cada vez que hay una laguna en el sentido, tendemos a ubicar en su lugar interpretaciones fantasiosas y relacionadas con una especie de Mano Negra o de Genio Maligno detrás de todo esto. En este caso, me veo tentado a concordar, por lo menos en parte, con esta perspectiva: detrás de este insistente énfasis burocrático parece haber una intención. Pero antes de interpretar debemos analizar los sucesos primero. 

En todo caso, aquí va la carta que escribiera y que deseo sirva como un antecedente de otra reflexión que vengo redactando. En esta, incluí subrepticiamente dos conceptos de la ontología de Badiou, a saber, presentación y representación:


Estimados Colegas:

A partir de esta "Directiva" que pretende regular la actividad académica de los profesores me viene a la mente una diferencia muy sencilla: aquella que se establece entre los hechos y la representación de los hechos. Llamemos a la primera presentación y a la segunda representación. En este caso, las presentaciones serán las actividades reales de los profesores y las representaciones serán aquellas que se encuentran en el documento que nos han hecho llegar.

Es perfectamente desproporcionado pretender que la representación de cuenta cabal de la presentación. Pero toda directiva estatal eso pretende. Es como si se nos dijera: "has que tus presentaciones sean exactamente iguales que las representaciones que yo hago de ti". Incluso más: "es ilegal que tus presentaciones no se encuentren representadas por la directiva". Incluso todavía más: "tus presentaciones no existen si no son representadas".

Cualquier aparato estatal tiene por función, entonces, reprimir las presentaciones y considerarlas solo en tanto se ajustan a las representaciones. Esta pequeña violencia, es la base de toda violencia (Y como sabemos, recientemente, hemos visto y experimentado una muy nítidamente perversa). En este caso, las actividades reales de los profesores serán reguladas para que estas se ajusten a las representaciones burocráticas de sentido.

¿Pero cuál es el problema? Me preguntarán. El problema radica en que la singularidad, la actividad realmente existente y no incluida en la directiva, corre el riesgo de ser reprimida si no logra encontrar los mecanismos de inscripción en el registro de representaciones estatales. Lo delirante es que de este modo lo que vale es la representación que puede ser perfectamente vacía, sin presentación, pero incorporada en el campo estatal. Y, por supuesto, la mediocridad es el campo de la representación.

Todas sabemos que la mediocridad es aquella que se ajusta a la representación de una manera precisa: se llena de papeles y de actividades de papel para estar a la altura (o bajura) del estado y sus requerimientos. Pero lo que realmente hace la vida de las instituciones puede perecer sin ser tomado en cuenta: la presentación pura sin representación, es decir, las investigaciones verdaderas, los trabajos de escritura verdaderos, los proyectos de reunión y de discusión que realmente existen.

Basta de mediocridad. Hay que declarar una guerra contra la mediocridad, es decir, contra aquellos que privilegian las representaciones y abusan de las vitales presentaciones. Lo óptimo sería que mis actividades reales fuesen representadas y reconocidas, pero si me dieran a elegir entre la pura representación y la pura presentación, yo elegiría la segunda. La primera es para los mediocres. 

Saludos cordiales,

Marcos M.

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