jueves, junio 21, 2012

A partir de la lectura de unas páginas del Seminario de la angustia



Después esta grabación se me ocurrió que la topología especial de la que hablo a partir de Lacan es uno de los muchos puntos para articular el interés por el psicoanálisis desde la perspectiva del análisis del discurso.

Según esta estructura de continuidades y de reveses, nuestro contacto con la realidad cotidiana implica un lado que, no siendo implícito, está sin embargo implicado como un real enlazado al enlace entre lo imaginario y lo simbólico. Se trata de un revés relativo a la falta en el campo del Otro. Si por un lado el falo en la relación sexual se manifiesta siempre en falta y, por el otro lado, está por todas partes allí donde no se lo requiere, debemos observar que Lacan, de este modo, sostiene una continuidad entre lo que se presenta, lo social –las profesiones, las instituciones, como dice Lacan— y lo que no se presenta y es impresentable.

Ahora bien, ¿por qué este revés de la angustia no es implícito? Simplemente, porque lo implícito es el conjunto de posibilidades de sentido que sirven de marco de interpretación para los enunciados presentados. Los implícitos son una suerte de telón de fondo del sentido. La angustia de castración no está del lado del sentido, es el punto de “ausentificación” –si se me permite— del sentido: el ausentido como dice Lacan en el “Atolondradicho”. La angustia relativa al menos phi (φ) en el pasaje al que me refiero en el video no es sino lo que permite al sujeto un vínculo con el Otro pero por fuera del sentido.

Entonces, digo que esto nos permite una entrada desde el análisis del discurso porque precisamente con esta topología (allí donde está no es requerido, allí donde es requerido no está) resulta factible articular el lado ético de los discursos: más allá del sentido enciclopédico, el sentido entendido por lo tanto como aquello que suple la falta en lo real, hay un revés, el revés de la angustia de castración.

El análisis del discurso de orientación lacaniana será, entonces, sustractivo: debemos sustraer todo lo que es del orden del sentido, de la cultura, de la significación –ya sea explícito o presupuesto—para encontrar, en lo que resta y no puede ser atribuido a ninguna tradición, aquello de real puesto como la falta angustiante del sujeto –llámese el enunciador o autor implícito— respecto de su relación con el Otro. 

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