jueves, marzo 10, 2011

La letra: entre el goce y el Otro

En “La instancia de la letra en el insconsciente…”, Jacques Lacan define de modo enigmático el concepto de “letra” como sigue: “ese soporte material que el discurso concreto toma del lenguaje (…) el lenguaje con su estructura preexistente a la entrada que hace en él cada sujeto en un momento de su desarrollo mental” (Lacan, 181). El estilo enigmático de Lacan permite o incluso obliga a adoptar una estrategia de lectura de naturaleza crítica; es decir, aquella que desea poner en evidencia lo que permanece implícito de una articulación. En este caso, propongo analizar el concepto de “lenguaje” que aquí se utiliza para comenzar a rastrear esa dimensión no dicha o “mediodicha”.

Cuando Lacan afirma que la letra es el “soporte material que el discurso concreto toma del lenguaje”, el término “lenguaje” está siendo usado en el sentido de un sistema virtual del que se toma o selecciona un conjunto reducido de recursos para la enunciación particular, es decir, está siendo usado como Lengua. Además, para apoyar esta interpretación, añade seguidamente que dicha actualización o selección particular es realizada a partir de la “estructura preexistente a la entrada”. En tal sentido, el uso individual se plantea en los términos de lo que de esa estructura o sistema virtual resulta factible asumir para propósitos específicos, incluidos pero no exclusivamente los propósitos comunicativos.

Sin embargo, cuando alude al hecho de que este uso del lenguaje se lleva a cabo “en un momento de su desarrollo mental”, es decir el que posee el sujeto usuario en determinado momento de su existencia, en esta formulación Lacan se aproxima más al concepto lingüístico de Lenguaje entendido como una capacidad y no como un sistema. Efectivamente, desde Saussure el Lenguaje es una habilidad y la Lengua es un sistema; esta distinción le permitió al maestro ginebrino darle a la Lingüística un estatuto científico eligiendo a la segunda, la Lengua en tanto que sistema o código paradigmático, como su objeto de estudio. Lacan en su formulación vuelve a mezclar estas dos acepciones lingüísticamente separadas. La pregunta es por qué.

Nuestra hipótesis es que a través de este procedimiento puede ubicar a la letra –que se haya definida en su relación con el lenguaje— en un sentido intersticial: sería tanto una marca que proviene o se toma del Otro (a la manera de una Lengua o código) como algo que en el cuerpo del sujeto está, como inherente a ese cuerpo, y para ser usado, para ser practicado o puesto en acto.


Ahora bien, si letra es “soporte material”, qué soporta, qué sostiene, es medio de qué. Como sabemos por el devenir de la enseñanza de Lacan podemos plantear que la letra es soporte de goce. Tal formulación es correlativa de la noción de parlêtre o ser de palabra, que define al sujeto humano como tomado por las palabras, las cuales son asumidas como una actualización permanente de un goce que lo invade o, incluso, que lo utiliza más allá de cualquier función comunicativa. Esta perspectiva se ve además reforzada si entendemos que –gracias a la doble significación del concepto de Lenguaje en los términos de Lacan— la letra toma tanto del Otro como de aquella dimensión que en el cuerpo humano, en su fisiología, está dada, digamos así, a la sistematicidad de la Lengua. De este modo, letra es un mediador entre el goce relativo al cuerpo como real y la Lengua que es la manifestación principal de la habilidad inherente del ser humano y que llamamos lenguaje.

“Letra” es, entonces, una huella o marca de lo que en el cuerpo será una especialización lingüística, pero que no significa nada. Podemos decir que, en tal sentido, la letra es lo que se toma (como una actualización particularizante) de lo que en el cuerpo está para el lenguaje pero que no es significante.

Es en este orden de cosas que podemos ubicar el interés de Lacan por la escritura china. Como nos cuenta Eric Laurent, dicha escritura debe ser entendida no en los términos occidentales como una representación de los sonidos de una lengua, sino como una continuidad de las marcas sin significado que provienen de la naturaleza. Para esclarecer este sentido, Laurent narra el pasaje en que Lacan ve, sobrevolando un desierto de Siberia, el destello de los ríos que marcan y delimitan sin sentido el paisaje. Como la pintura china, (La experiencia de lo real… p. 194), la letra es trazo no representativo que deviene de un intento de regulación o naturalización de la angustia.

Lo importante es que, en este sentido no representativo, la letra se puede explicar en los términos de un borde o “litoral” entre el objeto a como “depósito de libido” (Ibídem; p. 191) y el Saber o Tesoro de los significantes (S2). En el esquema de la separación propuesto por Lacan en el Seminario 7 –y que se puede observar más arriba—, la letra es ubicada como un borde interior entre objeto a y S2.

En consecuencia, el uso ambiguo del concepto de “Lenguaje” en las formulaciones de Lacan apunta precisamente a constituir este litoral del sujeto consigo mismo. Por un lado, está en el cuerpo como marca real –es decir, el aparato fonador con capacidades lingüísticas está en el cuerpo humano y no en cuerpo del simio, por ejemplo—, por el otro, esa letra como límite interno permite el lazo con el Otro a través del sistema de la Lengua.

Una pregunta que puedo formular en este punto –pero no responder cabalmente— es la siguiente: ¿la “letra” en este sentido puede parangonarse o relacionarse de algún modo con la enunciación?

La enunciación es una praxis que hace devenir el discurso y su sentido; en tanto que tal, la enunciación tiene, además, el aspecto de una aserción y el de una asunción. Ahora bien, la praxis es también un concepto que contiene una cierta virtualidad –puesto que toda realización presupone un programa previamente concebido— y la materialidad de los hechos, es decir, la modificación real de la materia que dicha praxis implique. Desde este punto de vista, tanto la letra como la praxis (y la enunciación es una praxis) son litorales entre dos modos de existencia radicalmente distintos. Esto último, claro está, es el esbozo de algo que requiere un desarrollo mayor.

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