jueves, febrero 11, 2010

La reasignación... ¿sin resignación?



Nacer con el cuerpo de hombre o de mujer era, hasta no hace mucho, algo cuya necesidad no se cuestionaba. No es que no hubiese existido el inconformismo por el género, sino que el cuerpo propio era inevitable y solo con la cosmética o las prótesis ese cuerpo necesario se podía disimular. Después de tales soluciones, sin embargo, siempre quedaba la sensación de lo exógeno y lo precario. En el presente, el carácter necesario de la sexualidad parece haber cedido o, más precisamente, se habría levantado la represión que antes impedía el acceso a la comprensión de la causa posible y contingente de lo necesario del sexo.

Todo esto tiene que ver con un reportaje que apareció en El País el 24 de enero de este año y que comentaba un caso sorprendente:


“Una chica de 16 años de Barcelona nacida varón ha sido la primera menor en someterse a una operación de cambio de sexo en España. Pidió autorización judicial y la obtuvo. La noticia saltó la semana pasada. Mientras los médicos debaten, la nueva generación de transexuales tiene más información. También más prisa. Piden ayuda, cada vez más, cada vez antes, para empezar a vivir como sienten”(1).

Quisiera salir de la anécdota que es, a todas luces, impactante y tratar de ubicar algunas coordenadas para su explicación. Tengo la impresión de que esta puede comenzar a formularse a partir de unas cuatro nociones traídas de la lógica modal al psicoanálisis por Jacques Lacan: lo posible, lo imposible, lo contingente y lo necesario.

Antes se pensaba en lo posible con frases tales como: “qué hubiera pasado si…”. Para el presente caso de la adolescente en Barcelona, se trataría de continuarla con “… hubiese nacido mujer”. De este modo, lo necesario era imaginariamente suspendido como tal y accedíamos al universo paralelo en el cual lo que era un hecho indefectible pudo ser de otro modo. Aparentemente, estas frases convencionales de acceso a lo posible como imaginario ya no son suficientes. Si en el pasado hacíamos que lo necesario adquiriera el estatuto de posible y con la imaginación, hoy lo posible debe tener el estatuto de lo necesario y con la tecnología.

Me explico: la presente época se caracterizaría, entre otras cosas, por negar el carácter necesario de las instituciones, de las relaciones afectivas, de la sexualidad y un largo etcétera y, al contrario, por atribuirle a todo el estatuto de lo posible. Si antes lo posible era accesible por una operación de la imaginación, ahora, no obstante, debe experimentarse como lo necesario, como una presencia realizada. Debe ser posible la reasignación sexual, la ciencia debe poder avalarla y realizarla. Sin embargo, mi hipótesis es que, como resulta inherente a lo posible el ser optativo, el amor por lo posible es también un anhelo por lo optativo de esa experiencia incluso orgánica. La condición entonces de esa viva experiencia (y qué más viva que en el cuerpo de sexualidad reasignada) es la condición de seguir siendo posible.

Si la época de la adolescencia es la de los horizontes abiertos y de las decisiones aún no tomadas, este caso trataría sobre la adolescentización –digamos así— en grados extremos de la sexualidad. No es por azar que una gran cantidad de solicitantes para una reasignación de género en Europa –y que siguen el protocolo establecido en 1979 por la Asociación Harry Benjamin de Disforia de Género— sean adolescentes.

Este protocolo diseña una secuencia que pasa por entrevistas, pruebas clínicas, pastillas durante dos años para, finalmente, si alguno se decide, pasar por el quirófano y terminar por feminizar ese cuerpo. Sin embargo, tengo la sospecha de que no se trata de ser mujer o ser hombre desde la condición antes necesaria y opuesta. Sino de no-ser algo, del puro tránsito que permite experimentar lo posible con una gran intensidad: lo posible, entiéndase bien, en tanto que tal, en tanto posible. No como una estación previa a una decisión definitiva, sino en sí misma, sin la decisión que las opciones presuponen.

La foto que podemos ver arriba esta sacada del mismo reportaje citado al inicio. Se llama Alexandra Rubio de 20 años y con “disforia de género” según el DSM-IV. Se trata de otro caso y en proceso, todavía con tres meses de terapia hormonal. ¿No tiene el rostro todavía de…? ¿Acaso no es ya …?

(1) http://www.elpais.com/articulo/portada/Quiero/sexo/elpepusoceps/20100124elpepspor_7/Tes
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